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Ronda, la Ciudad Soñada
Arunda fue en un principio, la ciudad del castillo la llamaron otros, Runda, o Ronda, como la llamó Publio Cornelio, y siempre dividida por el tajo, como si la naturaleza quisiera mantener separadas dos mitades de una misma naranja, pero una naranja es efímera y Ronda es eterna como la buena voluntad de sus moradores, la valentía de sus toreros o la brillantez de sus ilustres hijos a pesar de la soberbia de algunos de sus gobernantes, interesados, quizás, en áreas que reportan mercedes y amparos a corto plazo y olvidándose, o así parece ser, que el mantenimiento de los lazos familiares es el soporte vital de nuestra sociedad, o lo que sería mucho más grave, tomando partido en el sentido contrario.
No sería necesaria la organización de esta jornada de no existir conflictos de familia que afectan a aquellos que mas necesitados están de nuestra protección, de nuestro cariño y de nuestra ayuda, tanto a nivel personal como colectivo e institucional.
Tenemos claro que todas las instituciones tienen el deber de proteger y amparar al más desprotegido en el conflicto desde la igualdad plena, procurando el mantenimiento de los lazos afectivos con su familia más extensa.
Tenemos igualmente claro que son los menores los que padecen en mayor medida el sufrimiento que produce el hecho de verse alejados de uno de sus progenitores y que en la practica supone una orfandad inducida, como que también son quienes sufren en mayor medida la manipulación de los adultos que los utilizan como arma de venganza o de revancha, llegando en muchos de los casos a suponer un maltrato al menor de consecuencias imprevisibles, como es el caso del SAP, y del que serán los expertos en el tema quienes ahonden en explicaciones sobre consecuencias y efectos, o los casos de denuncias falsas de abusos sexuales, las que, según el Instituto de Medicina Legal de Madrid, suponen un 90%, mientras que el Instituto de Medicina Legal de Murcia las sitúa en el 92% de los casos estudiados a lo largo del año 2.005.
Los derechos de los niños tienen que ser inalienables, innegociables e intransferibles en la practica real, tanto colectiva como individualmente.
Cuando los individuos, los colectivos o las instituciones no puedan, no sepan o no quieran otorgar a los menores su derecho innegable de gozar de la protección, el afecto y la presencia, no solo de uno de sus progenitores, si no de su familia más extensa, el Estado tiene la obligación y la responsabilidad de corregir toda desviación, propiciando la fluidez de las relaciones paterno-materno-filiales, en un ambiente de igualdad y respeto mutuo que garantice el mantenimiento de los lazos afectivos con respecto al menor, desde el respeto a las garantías colectivas e individuales consagradas por la Constitución , tomando las medidas oportunas y dictando las normas necesarias con la celeridad que la atención a los menores reclama, desde la imparcialidad que debe presidir todo ejercicio de un Estado Soberano, sin sometimiento a ningún tipo de presión o tendencia ni más fin que la igualdad suprema.
El Estado es algo difícil de definir con exactitud en muchas ocasiones, pero todos sabemos quién nos cobra el agua que consumimos, o que malgastamos, todos sabemos quién nos cobra por retirar nuestra basura y lo que desperdiciamos, como sabemos quién es el responsable de la conservación del colegio al que van nuestros hijos, quién es el Alcalde que preside los plenos municipales de nuestra ciudad o quién es el concejal responsable de mantener en buen estado las aceras por donde paseamos con nuestra familia, porque nació y vive justo al lado nuestro.
El Alcalde y los concejales nos representan cuando se reúnen y deciden en qué lugar se puede hacer una urbanización nueva, cuanto va a subir el suministro de agua, o qué cantidad de dinero se destinará al ornato de una plaza, y creo que también nos representan cuando deciden, acuerdan o negocian qué jornal o haber cobrarán ellos mismos, siempre en nombre de la ciudad, claro, pero es que la ciudad somos nosotros y nuestros hijos, y pienso que nadie querría ser alcalde de un erial, pero sí, en cambio, de un buen barbecho.
Los Ayuntamientos, como Institución del Estado más cercana al ciudadano tienen la obligación de elevar nuestras peticiones, necesidades e inquietudes allí donde deban ser oídas y tengan que ser atendidas.
Los munícipes tienen que ser los primeros que, a través de sus propuestas y mociones, eleven a los estamentos superiores las necesidades y las inquietudes de sus vecinos, a los que representan, siempre que un derecho fundamental sea vulnerado, y tienen la obligación moral, ya que disponen de servicios a tal efecto, de prestar especial atención a los menores, o sea, a nuestros hijos, a las personas mayores o a quién padezca algún tipo de impedimento.
Los ciudadanos tenemos la obligación de contribuir en el mantenimiento del Estado, unas veces con nuestro rendimiento y otras con nuestro sufragio.
Desde la más enérgica condena a toda forma de maltrato, pero con el deseo de empapar a nuestra sociedad de cuan urgente es la necesidad de tomar medidas realmente efectivas encaminadas a asegurar la protección integral del menor y su familia más extensa, a partir de una coparentalidad plena, damos comienzo a esta I Jornada sobre Custodia Compartida y Derecho de Familia, la cual no sería posible sin la enérgica y resuelta contribución de tan ilustres ponentes como componen las distintas mesas, y sin el esfuerzo titánico que ha realizado mi muy estimado amigo Jesús Rosado, un padre que en el amor a sus hijos no sabe qué es el desaliento ni la desesperanza, con la ilusión de que la próxima vez solamente tengamos que reclamar sobre cuestiones que no sean origen de sufrimiento, pero si así no fuere, por desventura, seguiremos sin duda alguna pidiendo a todas las personas de buena voluntad su adhesión y solidaridad con cuantas reivindicaciones consideremos justas.
Creo que sería imperdonable si no dedicara un profundo y tierno pensamiento de solidaridad con cuantas niñas y niños sufren una orfandad inducida, con cuantos padres y madres sufren la lejanía de sus hijos o con cuantas madres y padres tienen que afrontar en solitario los cuidados de sus retoños.
¿A cual de tus doce hijos quieres más?, contaba Ben Gabirol que preguntaron a una madre, y ésta contestó: al pequeño hasta que crezca, al ausente hasta que vuelva y al enfermo hasta que sane.
Deseo y espero que todas las fuerzas protejan por siempre a cada madre como la del cuento de Ben Gabirol y que Vds. y todas las personas de buena voluntad pasen un buen día, muchas gracias.
Frasco.